
Desde hace 50 años el cambio climático hace que la primavera llegue antes y el otoño termine después, lo que supone que las hojas permanecen más tiempo en los árboles de hoja caduca y esto tiene consecuencias sobre el cambio climático, bien mitigando bien amplificandolo. Que ocurra una cosa u otra depende de la disponibilidad de agua.
Esto es parte de las investigaciones realizadas por investigadores de Consejo Superior de Investigaciones Científicas y que publica la resvista Science en su número de 15 de mayo.
“Uno de los aspectos positivos de que los árboles mantengan las hojas durante más tiempo es que, mediante la fotosíntesis, pueden secuestrar más CO2, con lo que disminuyen la concentración de este gas de efecto invernadero en la atmósfera”, explica el investigador del CSIC. “Pero cuando las plantas captan CO2 expulsan agua en forma de vapor. Así, un requisito indispensable para que aumente la captación de carbono es que haya agua disponible en el suelo, lo que permite a los árboles mantener en marcha la máquina fotosintética”, matiza Peñuelas, miembro de la Unidad de Ecología Global, unidad asociada al Centro de Estudios Avanzados de Blanes, del CSIC, en Girona, y al Centro de Investigación Ecológica y Recursos Forestales (del catalán, CREAF), en Barcelona.
En las zonas húmedas, los bosques pueden acumular mucho vapor, por lo que se forman nubes que refrescan el ambiente e incrementan las precipitaciones, en un proceso que se acentúa por el alargamiento de la presencia de las hojas. “En cambio, en regiones como las mediterráneas los árboles se ven obligados a frenar la actividad fotosintética durante los periodos de sequía estival por falta de agua. Esto hace, que aunque reciban mucha radiación, no expulsen suficiente vapor de agua como para refrescar el ambiente y formar nubes, lo que influye en que el clima de la región sea más cálido. En esta situación, el alargamiento de la presencia de las hojas hace que la disponibilidad de agua disminuya aún más”, explica Peñuelas.
Por añadidura la mayor actividad de las plantas hace que aumente la producción de compuestos orgánicos volátiles, COV, como los terpenos, que actuan como nucleos de condensación de las nubes que reflejan las radiaciones solares refrescando la tierra.
Pero esa elevación de emisiones de COV tiene también efectos negativos al propiciar la aparición de ozono troposférico y metano, ambos gases de efecto invernadero.
Según los investigadores, profundizar en estas investigacones pueden afinar los modelos climáticos y así lograr pronosticos más acertados de la evolución del calentamiento global.
En el estudio han participado asimismo los investigadores del CSIC, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes, Iolanda Fililla y This Ruthishauser. J. Peñuelas, T. Rutishauser & I. Filella. Phenology Feedbacks on Climate Change. Science, vol. 324, 887 - 888 (2009).
El texto íntegro del artículo está disponible para suscriptores a Science a través de Digital.CSIC: http://digital.csic.es/handle/10261/13078
Fuente: Nota de presa del CSIC